sUeÑoS dE nUbEs

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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Capítulo 1

Era miércoles veinte de octubre. Me desperté más o menos a las cinco por que no podía dormir más. Dentro de mi, tenía la sensación de que algo iba a pasar y no precisamente algo bueno. Era la única despierta en la habitación, no muy grande, si se tiene en cuenta que dormíamos cuatro personas, pero no nos molestaba. Cada una ayudó con la decoración: unas fotos, luces LED de colores, ¡incluso había un perchero! Había dos literas, una cama baja y un escritorio de menos de dos metros, atiborrado de nuestras cosas, y dos sillas con ruedas.
 Había un silencio agradable a esa hora. Solo se oía el tímido ulular de una lechuza. También se escuchaba un petirrojo. Me gustaba ese tipo de momentos. Tranquila y sola con mis pensamientos. Me puse a dibujar un paisaje que no había visto en mi vida, árboles a ambos lados de un camino recubierto de musgo y helechos; las raíces de los árboles sobresalían en algunos sitios, como trampas traicioneras si no vigilas donde pones los pies. Al fondo había un halo de luz brillante, que contrastaba con la oscuridad del camino. En el centro del halo había una silueta oscura.
En un momento dado me sobresalté por culpa de Samantha. Hablaba dormida. Me comencé a aburrir intentando entender lo que decía, dejé el dibujo y me puse a leer un libro que había encima de la mesa.
A las  seis i media se despertó de repente Judith, asustada; había tenido una pesadilla que últimamente se le repetía mucho, pero nunca hablaba sobre ello.
-¿Otra vez la pesadilla?- Le pregunté tranquilizándola.
Ella solo asintió. Me sentía mal por ella. Se la veía triste, asustada, alejada del mundo real. No me gustaba verla así.
Pronto se despertaron las demás.
-¡Buenos días, Emily!¡Buenos días, Judith!- dijo de repente Samantha.
-Buenos dias- dije.
Nos duchamos en un momento, nos vestimos con el uniforme de gimnasia, ya que a segunda hora teníamos educación física.
Fuimos al comedor a desayunar y, aunque miraras por la ventana estaba todavía oscuro como la boca del lobo, había un bullicio enorme delante de la cocina, justo donde está el mostrador para elegir, entre cuatro cosas, que querías para desayunar. Normalmente, si no era un día festivo, no había pastas de bollería. Lo que solía haber era leche de vaca, de soja y de arroz, cereales y fruta. Yo solía coger leche de arroz, ya que la de vaca no me sentaba muy bien y la de soja no me gustaba. La leche de arroz sabe más dulce que la de vaca y te deja un gusto a arroz después de cada trago. Al principio no me encantaba, pero una vez te acostumbras, está buena. Danna también prefería la leche de arroz.
Desayunamos tranquilamente ya que habíamos llegado pronto y quedaba más de media hora para la clase de lengua. Hablamos un rato después de desayunar y luego fuimos paseando por los pasillos hasta nuestra clase.
De camino, nos encontramos un chico muy raro delante de dirección. Estaba de pie todo el rato, tenso. Tenía el pelo marrón oscuro casi negro, como los ojos, de unos diez y siete años. Vestía con unos jeans clásicos, una camiseta lisa y encima, una camisa a cuadros sin abotonar. Todas las chicas le miraban, pero no les prestaba atención, como si no fuesen importantes.
Todavía faltaba un rato para comenzar la clase, así que nos pusimos a hablar. En un momento dado, se acercó un poco el chico como si viniese a decirnos algo, pero se dio la vuelta rápidamente y se fue. Y “escuché” la voz de Judith: ¿Que narices le pasará a este?
-¿Judith, has dicho algo?-negó con la cabeza.
Y de repente, se me ocurrió pensar: ¿me escucháis?
Todas se giraron con los ojos muy abiertos. Me preguntaron cómo lo había hecho y les expliqué que tenían que concentrarse en lo que querían “decir” y ya está. De golpe todo fue un retronar de voces en mi cabeza que no me dejaban pensar y me daban un dolor de cabeza terrible. Grité mentalmente ¡Callad!, pero lo que conseguí fue que callaran un momento, sorprendidas de que chillase, ya que normalmente tengo paciencia, pero eso me sobrepasó y me concentré para dejar de escucharlas. Me sorprendió lo fácil que fue.
-Dejar de hablar un momento, por favor.
Retiré la “barrera” de mi mente y ya se habían callado, preguntándose que quería. ¿Cómo puede ser que podamos hablar de esta forma? No es que no me guste, pero, ¿podemos hablar así solo nosotras o nos escuchan todos o solo algunas personas?
Yo os escucho, pero poca gente más –dijo alguien- no os preocupéis por eso. También podéis, si os concentráis, hablar solo entre vosotras o con una sola.
¿Quién eres y como sabes eso?
Soy Jack. Y ya os explicaré el resto, si nos volvemos a encontrar. Y ya no lo escuchamos más. Miramos discretamente alrededor pero no había nada raro, ni muy diferente que hace un rato.
Nos dirigimos rápidamente a clase de lengua, con el señor Lilian Hacket, un hombre bajo y rechoncho con arrugas en la frente, al segundo timbre. La clase fue realmente aburrida, como siempre, hasta que la directora Dolores Acreman, una señora mayor, alta y delgaducha de pelo rubio, nos llamó a dirección por megafonía:
-Judith Gray, Samantha Jones, Danna Smith y Emily Tyler, venid a mi despacho por favor.
Nos pusimos rojas como cuarto tomates vivientes, avergonzadas por todas las miradas clavadas sobre nosotras.
Cuando llegamos a dirección nos tuvimos que esperar un momento y entramos en su despacho. Estuvimos allí una hora i media, saltándonos la clase de educación física, no sin el enfado de Samantha, hablando con ella. Nos hizo algunas preguntas, habló de su infancia en otro internado, mucho más duro, e incluso nos sirvió un café descafeinado. También nos felicitó por la revista que colgábamos semanalmente en la web del colegio. Allí estábamos, nosotras cuatro, hablando y tomando un café con la directora.
-Hay algo más sobre lo que tenemos que hablar- dijo con cara seria. Y en ese momento entró el chico que estaba delante de dirección antes de la hora de lengua.

4 comentarios:

anitta dijo...

me ha encantado, y te pido por favor que sigas con el siguiente

sharah dijo...

me ha gustado muchisimo, es super interesante

Anónimo dijo...

me encantan los libros misteriosos, y este me ha dejado con la misma intriga que los otros que me he leido

Anónimo dijo...

Genial