Había pasado la noche fuera de la tienda. Pretendía no dormir para seguir buscándolas en cuanto me tranquilizara, pero quedó en un solo propósito como aquellos que se hacen cada año nuevo. En cuanto me relajé, caí dormida sobre las hojas, en un sueño muy profundo. Cuando me desperté tenía un saco puesto por encima. Supuse que había sido cosa de Jack. No había salido el sol todavía, pero había algo de claridad. Me levanté, recogí nuestras escasas cosas y las escondí dentro de un tronco seco, de manera que si nos descubrían el campamento no podrían encontrar gran cosa que llevarse, y fuí a comer algo.
En cuanto me acabé el desayuno me volví a concentrar en encontrar a las chicas. Me recosté bien en el árbol y me imaginé saliendo de mi cuerpo. En el momento en el que salí me quedé paralizada. Una niña pequeña me miraba desde detrás de un árbol, medio escondida. Eso me asustó de veras volví a mi cuerpo rápidamente, pero en esta ocasión no me maree tanto; tan solo veía un poco borroso. Miré hacia el árbol pero ya no estaba. Me levanté y fui casi corriendo a mirar detrás, pero no había nadie y no la había escuchado marcharse, aunque tampoco la había escuchado cuando había venido. Me dí la vuelta pensando que estaba completamente chiflada y se me escapó un chillido cuando vi la cara de Jack asomada por la puerta de su tienda. Él, como no, se rió de mi reacción tan tonta.
- ¿Qué te pasa? - dijo fingiendo preocupación. Le miré con una cara rara y dijo - ¿Cómo has sido capaz de levantarte tan temprano? Apenas ha amanecido. Si no hubieses tenido esa reacción tan exagerada, pesaría que no eres tú a la que tengo delante - dijo riéndose de mi.
Le miré con cara de pocos amigos. No entendía como podía estar de tan buen humor y tan despierto nada más levantarse. Al final sí que acabaría loca de remate con su comportamiento, a ratos tan serio y a ratos tan humorístico.
- Idiota. - murmuré bajito, aunque me escuchó a juzgar por su cara - ¡No me mires así!, no soy yo la que anda bromeando cuando estamos en mitad del bosque, con gente siguiéndonos por no-sé-qué, mis mejores amigas desaparecidas... Y...
- Para - dijo fríamente, dejándome con la palabra en la boca - Yo tan solo intentaba hacer algo para que no lo pasaras tan mal.
Después de decir eso se dió la vuelta y se volvió a meter a la tienda. Ya la había vuelto a cagar. Me senté lo más lejos que pude de la tienda de Jack para no molestarlo y me volví a ir.
En cuanto comprobé por segunda vez que la niña no estaba escondida ahí cerca, me estiré más lejos y entonces la vi de nuevo. Me giré lentamente hacia ella. Se le escapó una risita, como si hubiese hecho exactamente lo que ella quería. Me preparé para una especie de emboscada, pero no pasó nada. Estaba volviéndome muy paranoica para desconfiar de una niñita que igual solo creía que jugaba como cualquier niño normal, solo que ella se movía como yo mentalmente: flotando suavemente. Me acerqué un poco y ella se volvió a reír, lo que me sacó una media sonrisa a mi. Tenía unos dientes perfectamente colocados, una cara redondita y el pelo largo y ondulado. No se que color de ojos tenía, ya que la mente fuera del cuerpo no tiene color ni consistencia. Éramos como dos fantasmas entre unos árboles. Me acerqué unos metros más y ella saltó y se movió, como un perrito esperando que uno de sus hermanos de camada se ponga a jugar con él. Le seguí el juego yendo tras ella. En esos momentos me olvidé completamente de todo, la directora, las chicas, Jack, nuestro viaje...
La pequeña iba saltando, corriendo, columpiándose en las ramas bajas... como si sólo importase su diversión, por encima de todo lo existente en el mundo. Era muy fácil dejarse llevar por su alegría y despreocupación.
No sé cuánto tiempo pasó desde que dejé el campamento, pero en un momento dado la niña aceleró un poco su marcha y se escondió. Por un momento me preocupó que hubiese visto algún peligro y se hubiese ido, pero su risita me llegó desde detrás mío. Me relajé y di media vuelta para encararme con la pequeña sonriente, pero en su lugar había un hombre mayor sentado como un yogui en el suelo, con las piernas tan cruzadas que parecía que le tenían que doler. Me miró como si me hubiese escuchado.
Mierda, otra vez se me ha escapado- pensé, y otra vez me escuchó.
Rayn, acércate, que a ti ya te ha conocido, así estará más tranquila- dijo el hombre. La niña pequeña salió entre los arbustos bajos que estaban a la espalda del hombre.
Tranquila, de momento no tienes que preocuparte más por tu vida ni por la de nadie más. Ahora estarás segura -dijo tranquilamente como si su voz no fuese más que el viento corriendo sin prisa entre las hojas- siéntate, por favor.
En cuanto lo dijo, mis rodillas se aflojaron y me senté en el suelo. Durante un momento dudé si era de confiar, pero tampoco daba la sensación de que ese hombre fuese a aceptar réplicas, de todas formas.
Antes de nada, te diré que sé dónde están tus amigas y que están bien - acto seguido me sentí como cuando jugaba con la pequeña Rayn- y también sé todo lo que os ha pasado, y lo que está pasando.
¿Qué está pasando?- pregunté poniéndome nerviosa otra vez.
Escucha, estáis siendo perseguidos, como ya sabías, fuera del Círculo no estáis a salvo, y sobre todo, debes volver y ayudar a Jack.
¿Jack?¿Qué le pasa?
¿No lo notas?- dijo preocupado - Te esta llamando, necesita algo y debes...
Lo último que dijo no lo escuché. Mientras llegaba a toda velocidad vi a Jack arrastrando mi cuerpo para levantarme y llevarme a algún sitio. Ya estaba llegando a mi cuerpo, cuando me di cuenta de que había algún problema, no podía acercarme a mi. Estaba atrapada fuera de mi cuerpo y no podía hacer nada. En ese momento comencé a sufrir un ataque de histeria tan fuerte que no sabía qué hacer. Con pocas esperanzas de que funcionase, me alejé varios metros hacia atrás, como cogiendo carrerilla, y me lancé a mi cuerpo con todas mis fuerzas. No fué hasta el último momento que me di cuenta de que aunque no pudiese entrar en mi cuerpo, podía probar a hablar con Jack, pero ya era tarde: me choqué contra algo que parecía tan duro que sentí como si se me abriese la cabeza en dos. No podía concentrarme en nada con ese dolor y el maldito zumbido en mis oídos. Y por si fuera poco, no era capaz de enfocar la vista para buscar a Jack.
¡Jack!- le llamé buscándole a ciegas, pero el no me oía. Me sentía atrapada en mi misma, aunque tenía todo el resto del mundo para ir vagabundeando... Y si me pasaba eso y no podía volver a mi cuerpo jamás. ¿Me quedaría para siempre sin cuerpo, aislada del resto de la humanidad? Noté una oleada de sudor frío que acompañaba a mi pánico haciéndolo más insoportable. Sacudí la cabeza pestañeando rápidamente para sacarme esos pensamientos, lo que me provocó un dolor agudo y mareante en la cabeza. Había llegado tarde. Jack no me escuchaba y yo no podía ni acercarme a mi cuerpo. Me di por vencida y lentamente, me deslicé a la suave y tranquila inconsciencia, que me aliviaba del dolor, de mis miedos y de mi.
Al abrir los ojos de nuevo me desorientó el encontrarme sobre un montón de hojas muertas tumbada boca abajo. Yo nunca dormía boca abajo. Me puse en pié y sentí un mareo desestabilizante. Dí una vuelta lentamente sobre mi misma para intentar averiguar dónde me encontraba. caminé un poco hacia el norte, bueno, hacia donde yo creía que se encontraba el norte. Dí tan solo tres paso y me ubiqué: estaba en nuestro campamento, o lo que quedaba de él. Había envases vacíos tirados por el suelo que seguramente cogió algún animal, sólo había la tienda de Jack rajada por un lado. Me acerqué a abrir la cremallera para comprobar si estaba ahí dentro, aún sabiendo que si estuviese me habría escuchado llegar y habría salido de inmediato para comprobar quién era. Estiré la mano hacia la cremallera y en ese momento recordé. Recordé lo que había pasado. Me toqué la cabeza con cuidado. Noté un dolor soportable, pero no tenía sangre seca ni ningún tipo de bulto ni nada que indicara, a parte del dolor, que ahí me había dado un golpe que hubiera tumbado a un elefante pequeño.
Necesitaba encontrar a Jack o a Rayn o al hombre ese. Sabía que de momento Jack estaba vivo y no lo habían encontrado ya que no estaban nuestras cosas en el tronco. Seguro que Jack pensó que lo acabaría adivinando. Avancé lentamente a la tienda concentrándome en abrir la cremallera. Se abrió de un tirón y me asomé dentro. Por supuesto, Jack no estaba, pero estaba allí su saco y sus cosas. Lo empaqueté todo lentamente, ya que cada movimiento brusco me dejaba exhausta y mareada durante un rato. No quedaba comida, pero tampoco tenía hambre.
Cargar con las cosas de Jack me hacía cansarme antes, ya que tenía que concentrarme para que no se cayese al suelo, atravesándome como un fantasma, pero era un peso reconfortante y de esa manera me daba ánimos a mi misma para avanzar, y devolverle a Jack lo que era suyo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario